En el segundo volumen de AstroHología, Vanesa y Alejandro les abren una nueva puerta en el camino del aprendizaje de la relación entre el Cielo y la Tierra.
Esta vez los acompañan al corazón mismo de este misterio para intentar contestar a una pregunta que todos nos hacemos: ¿por qué nos sucede lo que nos sucede en cada instante de nuestra existencia? ¿Es puro azar? ¿Depende todo exclusivamente de nosotros o existe un orden, un ritmo profundo que encauza nuestras vidas?
La Astrología es, casi seguramente, la tradición que con más seriedad ha intentado responder a estas preguntas.
A través de los siglos ha ido cambiando la manera en la que realiza esta investigación. Es importante que sepamos distinguir entre la Astrología como tradición de conocimiento y el misterio mismo de la relación entre el Cielo y la Tierra.
Cada generación lo percibe de acuerdo al desarrollo de las cualidades propias de su época y así van apareciendo nuevas metáforas y nuevas maneras de comprender esta relación.
En este momento de la historia comenzamos a ser colectivamente conscientes de algo que permaneció velado durante siglos. Las corrientes más ocultas del pensamiento humano siempre supieron de la presencia de los códigos vibrantes que subyacen a las formas que va tomando el mundo.
Códigos que traducen cualidades extremadamente sutiles a niveles mucho más concretos, generando las formas cambiantes en las que se nos aparece la realidad.
Códigos que informan y dan forma, que dan lugar a otras con las que se acoplan en una danza caleidoscópica de transformaciones que crean la apariencia de la vida en la Tierra.
Como diminutas semillas que contienen plegados dentro de sí árboles inmensos que a su tiempo se desplegarán con toda la potencia de sus raíces, su tronco, sus ramas, flores y frutos.
El código y su despliegue en el tiempo
La ciencia moderna nos dice hoy que nuestros cuerpos adquieren las formas que se encuentran codificadas en nuestro ADN. Desde el instante de nuestra concepción las células se ordenan a partir de instrucciones precisas que se liberan en el momento adecuado para darnos la apariencia física que indica el ADN.
Nuestro ADN permanece invariante pero libera su información de acuerdo a secuencias muy precisas que hacen que el cuerpo cambie su apariencia anterior por otra diferente pero coherente con aquella.
Nuestra primera forma será la del embrión, luego la del feto hasta que se forme el bebé y en el momento oportuno las instrucciones latentes en el ADN nos harán salir del vientre materno en un acoplamiento sincrónico perfecto.
Y de allí en más nuestros cuerpos crecerán; es decir, cambiarán continuamente: cuerpos de bebés, de niñas o niños, de adolescentes, de jóvenes, etc.
No solemos pensar en ello pero nuestros sucesivos rostros aparentemente tan diferentes en el tiempo, desde la suavidad de la niñez hasta las rugosidades de la ancianidad son las transformaciones perfectamente ordenadas de un mismo patrón biológico.
Hoy existen algoritmos de computación que pueden representar, con certera aproximación, las sucesivas formas que adoptará nuestro rostro hasta el final de nuestros días, a partir de la fotografía del bebé.
Un código constante que libera instrucciones en secuencias ordenadas en el tiempo, alterando nuestra forma aparente y convirtiéndola en otra. Sucesivas transformaciones en el plano de la forma y la apariencia bajo la constancia del código.
Las técnicas astrológicas que habrán de estudiar en este tomo —que se llaman tránsitos, ciclos, progresiones, revoluciones— pueden ser pensadas hoy como procedimientos para la decodificación de la secuencia ordenada de información que va generando las nuevas formas de nuestra existencia.
Todos sabemos cuán difícil suele ser dejar atrás la apariencia preferida de nuestro cuerpo y aceptar sus sucesivas transformaciones; darnos cuenta de que los cambios corporales son el resultado de nueva información biológica que tiene una secuencia pre-codificada inexorable.
Depende de nosotros cuidar ese proceso para que la apariencia pre-codificada sea la más vital dentro de todas las posibles.
Igual que con nuestra apariencia física, nuestro psiquismo se aferra a una forma de nuestra existencia y la confunde con nuestra identidad. A partir de ese momento se resiste a cambiar, no quiere transformarse. No queremos aceptar la aparición de una nueva versión de nosotros mismos.
Estamos condicionados para pensar y sentir que nosotros somos una cosa y otra muy distinta es lo que nos ocurre. Lo que nos sucede nos parece externo a nosotros.
Del mismo modo, nos será difícil al principio en el aprendizaje de estas técnicas aceptar que los tránsitos, las progresiones o las posiciones de los Planetas en el cielo para los días de nuestros cumpleaños no se encuentran en un futuro arbitrario sino que su secuencia está implicada desde el principio en nuestra Carta Natal.
Nos parecerá que una cosa es la Carta Natal y otra muy distinta es que “justo ahora” se produzca la conjunción de Saturno a mi Sol natal o Plutón esté transitando por mi Ascendente.
Pero el hecho es que desde el instante de nuestro nacimiento, igual que con la posición natal del Sol o de la Luna, se sabía el momento exacto de todos los tránsitos de Saturno al Sol, del ciclo de Plutón por las Casas o cualquier otro movimiento planetario en el “futuro”.
Igual que una semilla, el código natal contiene el despliegue de todo el árbol de nuestra existencia. Primero la raíz, después el tronco y las ramas, en un ritmo perfecto.
Pero esto no quiere decir que esté escrito lo que haremos con esa información.
Simplemente se nos dice que en ese momento de nuestra vida se manifestará interna y externamente lo que aún no conocíamos de nosotros.
Se liberará nueva información que nos permitirá convertirnos en una versión renovada de nosotros mismos si somos suficientemente plásticos como para aceptarla.
O sucederá algo que rechazaremos porque alguna versión anterior con la que nos hemos identificado se resiste a actualizarse.
Y lo que ocurrirá entonces es que la información que trae ese tránsito, ese ciclo, esa progresión, hará reaparecer un viejo problema bajo una nueva forma, nos hará repetir una experiencia incomprendida. Nos hará girar otra vez en la rueda de nuestros conflictos.
Acompañar el proceso de transformación
Acompañar como jardineros expertos el desarrollo de una existencia para que florezca en todo su potencial es el arte de la Astrología.
Sabiendo que al igual que con una planta, es absolutamente natural perder las hojas en determinado momento.
Conociendo cuál es el período exacto para la poda, recordamos que aún no es el tiempo de dar los frutos sino de profundizar las raíces.
Cada código natal “sabe” quienes somos en cada momento de nuestras vidas.
Más allá de nuestros deseos conscientes y de quienes creamos ser en un momento determinado, nos indica el camino de la transformación que está ocurriendo en nosotros a través de símbolos que podemos aprender a reconocer.
Como muy hermosamente les dijo Alejandro Lodi en el prólogo al primer tomo, Alejandro y Vanesa los reciben como guías amables y conocedores del territorio en el que se adentran para que puedan descubrir otra vida dentro de sus vidas.
Una vida mucho más orgánica y creativa en la que podamos aprender a reconocer y aceptar más rápidamente y con menos sufrimiento que lo que nos está sucediendo, con sus dolores y sus alegrías, está inscripto en un orden que nos trasciende.
