Urano en astrología: función transpersonal y polaridad uraniana
“Si el loco persistiera en su locura, se volvería sabio.”
William Blake
"Un hombre necesita un poco de locura, si no nunca se atreverá a cortar la soga y ser libre".
Nikos Kazantzakis
Cuando el 13 de marzo de 1782 el astrónomo inglés William Herschel apuntó su telescopio a una borrosa y desconocida estrella, no sabía aún que estaba a punto de revolucionar al panteón planetario del sistema solar después de miles y miles de años.
En efecto, desde el surgimiento de las primeras sociedades humanas que alzaron su vista y se sobrecogieron por el orden cósmico, el cielo estaba habitado por infinitas estrellas fijas y un número acotado de estrellas “vagabundas” o “errantes”. Esta última es la etimología de planeta: una estrella que se mueve con respecto a las demás estrellas fijas. Así, durante milenios, los únicos objetos celestes que se movían eran la Luna, el Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno; cada uno de ellos asociado a ciertas cualidades y también a ciertas deidades.
Desde su británico jardín, Herschel observaba este nuevo miembro de la familia planetaria, sin ocurrírsele ningún nombre con cual bautizarlo. Pensaba que llamarlo con un nombre de la mitología clásica no daría cuenta del “espíritu de la época”, el Zeitgeist, en que los avances científicos y el triunfo de la racionalidad por sobre las mistificaciones, auguraba una nueva era de luz y sabiduría. De hecho, este era el primer planeta descubierto gracias al telescopio, instrumento óptico inventado casi 200 años antes.
Sir William al final se decidió: lo llamaría Georgium Sidus (la estrella de Jorge) en honor a el rey Jorge III. Explicó su decisión a través de una carta dirigida a Joseph Banks:
En las fabulosas épocas de los tiempos antiguos los nombres de Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno fueron los nombres para los Planetas, porque eran los nombres de sus héroes y divinidades principales. En la era actual, una más filosófica, apenas sería permisible recurrir al mismo método y llamarlo Juno, Palas, Apolo o Minerva al nuevo cuerpo celestial. La primera consideración de cualquier evento concreto, o incidencia notable, parece ser su cronología: si en cualquier tiempo futuro se pidiera, ¿cuándo se descubrió este último Planeta? La respuesta más satisfactoria sería decir, 'Durante el reinado del Rey Jorge tercero'.
La cuestión es que al planeta se lo conocería como Urano gracias a que primaron los argumentos de otros astrónomos europeos. Herschel seguramente no estuvo de acuerdo, pero tampoco le hubiera gustado que el planeta recién descubierto fuera asociado a la locura (como después de todo también ocurrió)... ¡es que el rey Jorge terminó completamente loco!
La polaridad uraniana
La función uraniana dentro de la carta natal hace que un sistema mute, que se rompan y actualicen las imágenes que tenemos de los otros y de nosotros mismos. El área donde se encuentra Urano (la Casa) nos mostrará donde tendremos sorpresas, imprevistos, genialidades, máxima libertad y hasta locura.
Como decíamos en los anteriores artículos sobre los transpersonales, una dosis alta de cualquiera de ellos distorsiona las demás cualidades energéticas de la carta natal. Las energías de los tres planetas trans-saturninos (Urano, Neptuno y Plutón) hacen que resulte muy difícil para la persona desarrollar en forma “normal” una estructura de identidad sólida y adaptada.
Un Urano fuerte en la carta (principalmente en aspecto duro al Sol, en Casas angulares, Sol o Ascendente en Acuario) provocará que la conciencia se polarice en Urano Directo y Urano Inverso (1). En esta polaridad se instalan temas que tienen que ver con el cambio vs. la permanencia, la libertad vs. la seguridad, el imprevisto creativo vs. los modelos a seguir que da lo ya conocido. En síntesis, pertenecer y estar adentro o estar afuera como un outsider.
En el Inverso se forma un polo que tiene pánico al imprevisto, que busca obsesivamente la seguridad y que tiene dificultad para cuidarse y cuidar al otro. El polo Directo es muy libre y original, no respeta las formas, le cuesta aceptar los límites y cree que no tiene necesidades emocionales. Seguramente la persona uraniana se identificará con alguno de los dos polos, pero lo fundamental es darse cuenta de la existencia del otro (pues ambos están en uno), para luego ir oscilando entre ambos de la forma más suave posible. La alquimia en este caso pasará por aceptar las restricciones, no temerle a la creatividad y comprender la necesidad y la importancia de los procesos. Al darnos cuenta que el tiempo forma afecto, se puede encarar un trabajo interno que tenga que ver con ir madurando el nivel emocional, generalmente muy pobre en todo uraniano.
El arquetipo que define bien a la persona uraniana es el loco. En el lenguaje del Tarot El Loco o Il Matto es el primero y el último de los arcanos mayores, el 0 o el 22 según el mazo utilizado. El Loco da inicio al viaje del héroe, es la creatividad suprema que juega con las formas sin apegarse ni identificarse totalmente con ninguna de ellas. Su cualidad más integrada provoca rupturas de lo conocido para evolucionar hacia una identidad singularizada, más libre y creativa. Propone nuevos movimientos hacia una mayor libertad y autonomía en los vínculos, tratando de incluirse en lo grupal para no terminar en la esterilidad o la anarquía (pues nunca termina de plasmar nada o vive rebelándose a cualquier autoridad). Se trata de una identidad del tipo “genio”, que hace madurar a la humanidad hacia niveles mayores de libertad, apertura y valorización de lo diferente. Es más, cuanto más heterogeneidad, más creatividad grupal. Y cuanto más singularidad, más compromiso. Individuarse es des-colectivizarse; implica un nuevo giro en la espiral de la conciencia humana.
La era de Acuario será también la era de Urano, y solamente aquellos que se arriesguen a perder aunque sea por un momento las coordenadas que nos mantienen aferrados a lo conocido, serán quienes heredarán el eterno ahora, siempre presentes y nuevos, imposibles de definir, más allá del espacio y del tiempo.
Alejandro Christian Luna, Más allá de Uno Mismo.






