ARTÍCULO · ASTROHOLOGÍA

Plutón en astrología: función transpersonal y polaridad plutoniana

El encuadre transpersonal se focaliza eminentemente en las inquietudes, motivaciones y experiencias que trascienden la esfera de la personalidad, del yo o del ego. La mirada transpersonal surgió del encuentro de la psicología humanista occidental (Rogers, Maslow, Perls, Frankl, etc.) y las tradiciones contemplativas orientales (yoga, budismo, taoísmo, zen, meditación, etc.). Lo que diferencia a lo transpersonal de otras miradas es que requiere la inclusión de la dimensión espiritual como parte de la naturaleza humana. La palabra “espiritual” puede tener infinidad de matices, aquí nos referiremos a lo espiritual como un proceso de pérdida gradual o instantánea del egocentrismo y una trascendencia del sentimiento de ser individuos separados de todo lo demás.

Hasta el descubrimiento del planeta Urano en 1781, el sistema planetario conocido desde la antigüedad terminaba en Saturno, y los planetas podían dividirse en personales (Luna, Sol, Mercurio, Venus y Marte) o sociales (Júpiter y Saturno). El descubrimiento de Urano, Neptuno y Plutón agregó una nueva definición de planetas: los transpersonales o generacionales. Se les llama generacionales porque al ser los más alejados del Sol tienen una órbita muy amplia y por eso muy lenta. Neptuno por ejemplo tarda unos 14 años aproximadamente en cruzar cada signo. En febrero de 2012 entró en Piscis y allí estará hasta el 2026, es decir que todos los nacidos en esa época tendrán en su carta natal a Neptuno en Piscis, o sea, una generación de personas. Esto tiene su interpretación, pero ahora nos abocaremos al simbolismo planetario desde la función transpersonal o trans-egoica.

Si la estructura de la personalidad se gesta a partir de la función lunar y se completa con la saturnina, puede decirse que aquellos planetas (funciones) que están más allá de Saturno están más allá de la personalidad.

Diagrama basado en el modelo de la Psicosíntesis sobre los planetas transpersonales y la personalidad

Este diagrama (figura A) basado en el modelo de la Psicosíntesis muestra simbólicamente cómo los planetas transpersonales socavan la esfera -el huevo- de la personalidad, aunque en realidad procuran abrirla a una dimensión que está más allá de ella.

La vivencia de lo transpersonal puede ser sentida por el yo como angustiante, demasiado intensa, perturbadora, etc. Sin embargo no es posible experimentar lo “espiritual” sin la ayuda de Urano, Neptuno y Plutón. A continuación nos centraremos en la función plutoniana y en los próximos veremos las otras dos.

La polaridad plutoniana

Desde hace muchos años, la escuela de Astrología Casa XI viene desarrollando en forma teórica y práctica el tema “polaridades”, y más profundamente las polaridades transpersonales. La potencia de la energía transpersonal puede ser tan fuerte que una conciencia humana promedio (la mía o la suya por ejemplo) se ve totalmente invadida. Esto ocurre siempre que veamos en una carta natal una posición fuerte de Plutón, sea por casa o por aspectos tensos al Sol. Ocurre entonces que de alguna manera la conciencia se polariza en un par de opuestos, que denominamos Plutón directo y Plutón inverso.

Siendo muy sintéticos, ya que el tema de por si es bastante complejo, resulta que en la misma persona conviven simultáneamente los dos polos de la polaridad, aunque siempre se tiende a permanecer conscientemente en uno de ellos. El directo se siente omnipotente, controlador, manipulador, intenso y con mucho poder. Si uno está identificado con el polo inverso se sentirá impotente, dominado, pusilánime y víctima de los demás.

Una persona acaso puede sentirse identificada con el poder, el control, el deseo devorador y la intensidad (es decir, Plutón directo). Pero también es probable que pueda proyectar en los demás o en alguien particular justamente esas cualidades (dependerá de la estructura entera de la carta natal y su juego de luz y sombra). Con ellos pueden jugarse temas de manipulación, violencia (física o psíquica) y sometimiento. Lo importante es descubrir cuando lo juega uno y cuando lo juega el otro, oscilando entre uno que lo puede todo y otro que no puede nada. Esa polaridad omnipotencia/impotencia es en verdad una fantasía “lunar”, infantil, que no tiene por qué ser real, pero que así la vive el plutoniano.

El trabajo profundo es lograr una alquimia entre ambos polos, donde desaparezca la temática de la manipulación y el poder.

Es habitual que en su ansia de poder, el plutoniano directo sacrifique otras cosas de su vida: casi siempre es su vida afectiva y su sensibilidad. De hecho, concentra tanta energía en un objetivo que siempre lo logra… a un costo enorme. Como un vampiro, extrae energía de otros sin darse cuenta que la tiene que devolver. A su alrededor, pululan los lánguidos.

El cine, los cómics y la literatura siempre nos han entregado historias con las cuales podemos aprender Astrología: Drácula, El Fantasma de la Ópera, Fausto, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Superman, el Increíble Hulk, son algunos relatos que nos muestran la fascinación, el terror y el potencial que tiene lo plutoniano para nosotros, meros mortales.

Plutón en verdad colabora con la desarticulación del ego, su intensidad constante logra que al yo le sea difícil y hasta imposible mantenerse siempre armado. Es como cocinarse en un magma ardiente, una cocción realmente alquímica que libera continuamente energía reprimida y por eso nos vitaliza y nos cura… si es que sacamos al yo un ratito del centro de la escena. Cuando nos damos cuenta que el yo puede volver a “condensarse” cada vez que sea necesario (pues lo necesitamos para hacer cualquier trámite, cuando nos toman lista o para interactuar en las redes sociales de internet con sus claves y passwords), dejamos de anhelar/temer tanto la energía transpersonal. E irónicamente hasta podemos darnos cuenta que el deseo de superación personal concerniente a trascender el yo, es un plan del mismo yo.

Plutón nos convoca a sentir más y a controlar menos, siendo que respondemos exactamente de manera contraria. Por eso sufrimos; el dolor de ya no ser acaso sea inevitable, el sufrimiento puede evitarse, pero no soy "yo" quien lo evite porque el yo que habita en cada uno es -en un nivel- el sufrimiento mismo.

Plutón en estos momentos está transitando el primer decanato de Capricornio. Creo que todos los arianos, cancerianos, librianos y capricornianos del primer decanato sienten en carne propia de lo que estoy hablando. Ellos están siendo convocados a una transformación total de su identidad, y mucho de lo que ocurre afuera en lo social, político y económico es un reflejo de lo que se siente adentro en términos de desarticulación psicológica. Que sea transformadoramente vital o acentúe los miedos y el sufrimiento que produce la intransigencia al cambio no depende de Plutón sino de nuestra docilidad a lo que el dios de la riqueza propone.

Fuente bibliográfica
Alejandro Christian Luna, Más allá de Uno Mismo.

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