ARTÍCULO · ASTROHOLOGÍA

Cuadratura entre Saturno y Neptuno: concretar y construir, con conciencia de unidad

La posición que estos planetas adoptarán en el mes de noviembre nos da una oportunidad para enriquecer nuestra percepción y nuestro accionar. Como siempre, en este espacio, los expertos nos ayudan a comprender el vínculo que nos une al cosmos.
Alejandro Christian Luna y Vanesa Maiorana

“El mundo es ilusorio; solo Brahman es real; Brahman es el mundo”.

— Adi Shankara

Durante los próximos meses, Saturno y Neptuno poco a poco irán generando una relación muy incómoda. Formarán una ‘cuadratura’ (dada por la distancia entre ellos), que generará una tensión particular dentro de nuestra psiquis, dadas las funciones que en ella ejercen ambos planetas. El momento más significativo se dará a partir de noviembre, y estos meses previos pueden servir para empezar a meditar acerca de las enseñanzas que esta situación trae a la humanidad: ¿qué es la realidad?, ¿qué distancia hay entre los sueños y las cosas concretas?, ¿cuál es la estructura de la percepción?

La tensión entre dos planetas siempre es una oportunidad para elaborar conscientemente su integración. Especialmente cuando las energías de los implicados tienen ciertos aspectos contradictorios entre sí; esta integración que existe en potencia, contiene una gran riqueza.

Cuando dos planetas están en tensión en nuestra carta natal, lo que ocurre generalmente es que tendemos a identificarnos con uno y nos cuesta contactar con el otro, por lo tanto tendemos a proyectar sus características en el afuera. Así, otras personas encarnan esa energía, o nos ocurren cosas que tienen relación con esa energía.

En este caso particular, Saturno y Neptuno, son dos fuerzas contradictorias en un cierto nivel de comprensión, pero ofrecen una enorme riqueza si logramos comprender sus esencias y podemos aceptar ambas como importantes dentro de nosotros. Así éstas pueden dialogar, aceptarse y dejarse transformar una por la otra.

Saturno, lo que “es”

En la Astrología tradicional, Saturno es considerado un planeta literalmente “maléfico”. Afortunadamente, nuestra comprensión ha ido evolucionando, y hoy en día lo podemos comprender como un factor sumamente importante en nuestro desarrollo, crecimiento y maduración. Sin la función de Saturno, que tiene su correspondencia en nuestro cuerpo, no tendríamos esqueleto que sostenga los músculos y los órganos, por lo tanto, no tendríamos estructura interna capaz de contener un cuerpo complejo, estar erguidos, movernos y caminar como lo hacemos. Sin la función de Saturno, que tiene su correspondencia en nuestra psiquis, no tendríamos la capacidad de madurar psicológicamente y hacernos responsables de nuestra propia vida, siendo nuestro propio sostén en los diferentes planos de la vida. En otro sentido, no tendríamos “superyó”, esa especie de “conciencia moral” que nos da la oportunidad para la autoevaluación, la autocrítica y la capacidad de ponernos límites.

La función saturnina nos presenta la oportunidad de crecer, y para ello nos guía hacia la esencia. Lo esencial muchas veces no coincide con lo que desea o pretende una parte de nosotros, el yo, el ego, que se aferra a lo que le da seguridad. Es más, lo más probable es que no coincida justamente, y que el viaje a lo esencial sea un gran aprendizaje a lo largo de la vida, a través de ponernos en contacto con los límites y experiencias con las cuales nos sentimos frustrados.

Saturno representa la máxima forma, lo concreto, sólido, lo que tiene estructura, límites definidos. Y es la esencia que no cambia, que da sostén a lo que sí cambia. Saturno es el último de los planetas personales del sistema solar, luego aparecen los planetas transpersonales. Por lo tanto Saturno también marca un límite, una especie de borde entre aquello que somos por nosotros mismos (nuestra estructura) y aquello que está más allá de lo personal, fuera de nuestra estructura personal.

Una respuesta común de nuestra psiquis ante la energía de Saturno es la rigidez. Si hay fuerte energía saturnina o capricorniana en la carta natal, es altamente probable que la persona se vuelva rígida y se aferre a modelos, formas, normas y que posiblemente priorice el debe ser, las exigencias y las responsabilidades, volviéndose de alguna manera poco flexible incluso en el mundo afectivo y emocional.

Neptuno y las sutiles resonancias

Neptuno es un planeta transpersonal, esto significa que está más allá del límite de Saturno en el sistema solar, y más allá de las funciones psíquicas personales dentro de nosotros. Es un planeta que tiene relación con el concepto de inconsciente colectivo propuesto por Carl Jung.

Neptuno supera los bordes que nos hacen percibirnos separados del resto. Es la vivencia de que todos estamos interconectados y sintiendo lo mismo.

Es algo que se podría confundir con la telepatía… ¿Vieron esos documentales sobre la selva, donde están los ñus pastando, y de repente salen corriendo todos a la vez? ¿O donde se ven esas bandadas de pájaros, o los cardúmenes, que se desvían todos juntos? Y no es que el primero avisó al segundo, y el segundo al de atrás hasta que se enteró el último. Es una “resonancia” que se produce en forma instantánea e inconsciente, como que realmente son uno.

La energía de Neptuno no es fácil de tolerar por nuestra psiquis. Por un lado, al ser una energía transpersonal, es difícil de experimentar desde la psicología personal centrada en el yo y en la identidad. Por otro lado, nuestra visión del mundo, centrada más bien en las formas, estructuras y modelos, no deja mucho lugar a aquello que no tiene forma, que se percibe con “antenas” que captan lo que está más allá de los sentidos. En general es difícil integrar la función de Neptuno…

Y Neptuno, en niveles poco integrados podría darnos un sentido de la realidad completamente falso. Se puede llegar a idealizar personas, a uno mismo, el sentido de la vida. Esto sucede por ejemplo cuando creemos en príncipes azules, princesas y almas gemelas, sin tomar contacto con la “realidad”. Es muy sutil la diferencia entre estas idealizaciones y la realidad.

Sentir entre corazas e ilusiones

Muchas veces construimos corazas para protegernos de lo que sentimos, que es tan fuerte que nos asusta. Y entonces nos convencemos de que eso no es real, o tenemos tanto miedo que intentamos escaparnos con burbujas ilusorias. Las burbujas ilusorias son escapes de la realidad, escapes del verdadero sentir. Las corazas también son escapes, son protecciones que nos separan de los otros.

Acá aparecen Neptuno y Saturno como dos escapes de la realidad del sentir. Neptuno creando ilusiones, Saturno creando corazas. Cuando los hechizos, los condicionamientos, las programaciones automáticas, los juicios, operan en el ámbito de las percepciones, podemos estar creando ilusiones acerca de lo que sentimos o lo que pensamos, o podemos estar protegiéndonos de eso creando corazas.

En ninguno de los dos casos se puede estar en contacto con la realidad. ¿Es este un sentir que puede ser cuestionado por el pensar? ¿Se pueden contrastar estas sensaciones en el encuentro sincero con las sensaciones de los demás? ¿Acaso se puede hablar de “verdadero sentir”? ¿Acaso se puede hablar de “verdadero pensar”? ¿Uno puede darse cuenta de que sintió algo que, a fin de cuentas, no era verdadero? ¿Nos parece lógico que podamos tener pensamientos equivocados, pero no tanto sentires o percepciones equivocadas?

Es interesante observar que lo femenino arquetípico, más ligado a la percepción neptuniana, valora el sentir sobre el pensar, y lo masculino arquetípico, de percepción más saturnina, valora exactamente lo opuesto.

A través de Neptuno podemos sentir y percibir lo que pertenece a planos más sutiles que el plano de la materia. En esos planos sutiles no podemos comprobar nada de manera concreta (con el método científico, con mediciones y corroboraciones). Esta realidad no puede comprobarse totalmente, pero sí se puede percibir mucho mejor si se está bien enraizado (Saturno).

Vivir en el cuerpo y en el espíritu

El budismo y el hinduismo consideran que lo único real es el espíritu y todo lo demás es pura ilusión (Maya). Se dice que a través del sexto chakra, conocido como Ajna o tercer ojo, podemos deshacernos de la ilusión, es decir, de todos los patrones y creencias que no nos dejan tomar contacto con la realidad de lo que somos, de lo que son los demás y de lo que es el mundo. La forma de deshacernos de la ilusión es tomando conciencia.

A través de este centro energético, es que se produce la alquimia entre el hemisferio derecho y el hemisferio izquierdo del cerebro, lo cual nos permite “ver” la realidad sin el velo de las creencias, condicionamientos, heridas y prejuicios, afianzándonos en lo más puro y esencial que está dentro de nuestro interior.

La comprensión simbólica de la realidad se refiere a poder ver con conciencia cada hecho, cada vínculo que formamos con otros, cada experiencia de la vida, cada situación difícil, cada momento, como una fuente de información acerca de nosotros mismos y de la propia energía que se despliega. Por eso cuando nos sentimos víctimas de la vida o de las acciones de los otros, o del destino, lo que ocurre es que estamos observando con la subjetividad de quien no ha podido comprender que todo lo que nos ocurre y lo nos rodea, también nos corresponde.

La Astrología es un lenguaje simbólico que nos brinda información para comprender y tomar conciencia de estos niveles de realidad con cierta objetividad. No una objetividad fría y distante, sino una objetividad que nos permite captar los niveles más sensibles de la existencia.

La dinámica entre Neptuno y Saturno es clave en la comprensión del reino de Neptuno (lo simbólico) como parte de la realidad (Saturno). Saturno y Neptuno en sus cualidades más positivas cuando se dirigen al interior del Ser, tienen el potencial de permitirnos vivir con paz interior, comprensión y sabiduría.

El cuerpo es algo así como el envase, la forma o el vehículo a través del cual experimentamos la vida. Con el cuerpo expresamos, sentimos, y actuamos. Es nuestra conexión a tierra, encarnamos en un cuerpo y cuando morimos, el cuerpo se desintegra.

El espíritu se expresa a través del cuerpo. Cuerpo y espíritu están unidos. Sin embargo, muchas veces estamos desconectados del cuerpo, y muchas veces estamos desconectados del espíritu, y éstos muchas veces están desconectados entre sí.

Saturno está relacionado al cuerpo; Neptuno al espíritu.

Cuando cuerpo y espíritu se integran, el espíritu se expresa a través de los sentimientos y acciones. El espíritu está relacionado al sentido trascendental de la existencia pero no puede expresarse si no es a través del cuerpo y de las emociones.

Cuando cuerpo y espíritu están integrados, podemos comprender que los deseos del yo consciente no siempre son los deseos del alma, del sí mismo o yo superior. Desde esa comprensión, la calma y la confianza en lo que nos ocurre se incrementa y podemos entregarnos más a lo que la vida nos ofrece, que a lo que nosotros queremos de la vida.

Por eso cuando se dice que somos seres espirituales teniendo una experiencia terrenal, en realidad estamos contando el 50% de la historia. La otra mitad es que somos seres terrenales (frutos de la Tierra) teniendo experiencias espirituales.

Un mundo real más amoroso

Saturno quiere definir los bordes y poner límites, Neptuno desdibuja los límites y nos invita a no definir ningún borde. Cuando se refiere a límites acerca de nuestro Ser, Saturno definirá un borde entre nosotros y los demás. Neptuno nos dará la oportunidad de ser más permeables y sutilmente ir ampliando nuestros propios límites. Crecer y madurar a través de la experiencia de ser más permeables, más sensibles, más inclusivos y compasivos.

Saturno le aporta a la tendencia ilusionista de Neptuno, la oportunidad de una percepción más real y pragmática, verdadera y práctica. ¿Para qué los sueños, si no para ser experimentados?

La cuadratura entre Neptuno y Saturno nos pide abrirnos a percibir nuevos niveles sensibles de realidad. “Aflojar” a Saturno, diluir sus límites y formas. Nos pide conectar con la sensibilidad del cuerpo y de las emociones para tomar conciencia de lo que es real dentro de nosotros. Saturno puede haber construido corazas y esas corazas impiden tomar contacto. Neptuno nos ayuda a sensibilizar el límite y a entrar en contacto.

Neptuno en su núcleo es amor, un amor esencial, esa energía que nos conecta con todos los demás seres humanos y más allá, el amor por cada criatura viviente y por todo lo que existe. Un amor pisciano. Es amor a uno mismo en cuanto tomamos conciencia de que somos esa esencia de la que están hechas las estrellas, y desde esa conciencia, no se puede dejar de amar todo lo que existe.

Cuando esta vivencia del amor puede manifestarse concretamente en el mundo (Saturno), deja de ser una creencia mística y discurso new age, y se plasma en la vida diaria a través de hechos conscientes, que no tienen que ver con necesidades personales sino más bien con acciones y pensamientos para el bien común.

Saturno como capacidad para concretar y construir. Neptuno para hacerlo desde una conciencia de unidad.

PUBLICACIÓN ORIGINAL
Este artículo fue publicado originalmente en Revista Uno Mismo, en septiembre de 2015.

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