Poner en letras el tránsito de estos tres años para este proceso de aprender a vivir la Astrología podría limitar la profundidad de cómo lo hemos vivido y sentido cada una de nosotras, por eso esperamos puedan conectar con el verdadero sentido detrás de las palabras.
Hemos coincidido cada una de nosotras con nuestro pedacito de cielo, encontrándonos aquel 14 de marzo del 2023 para descifrar el misterio detrás de lo aprendido, para descubrir nuevos sentidos bajo este cielo que habitamos y de un modo consecuente a nuestra búsqueda, todo ese proceso nos ayudó a recordar desde el corazón, que ese pedacito de cielo que somos también contiene la inmensidad del universo entero. Pasamos desafíos personales de diferente índole, donde tuvimos que aprender a soltar las formas fijas de actuar que traíamos para aceptar que todo se mueve y se renueva como parte de la existencia, incluido nosotras mismas. Tres años que nos invitaron a conectar con la frecuencia vibratoria de los ciclos integrando una conciencia más permeable y flexible a la energía que nos contiene, una energía que crece y decrece, que aumenta y desvanece, que sube y que baja, porque lo único permanente es el cambio. Una conciencia que vivimos como pulsión vital y que nos da el movimiento y el coraje necesarios para escuchar nuestra voz interior y cumplir con el proceso de nuestra alma, porque aprendimos a vivir la Astrología como vehículo para que eso suceda, para que eso nos suceda como está sucediéndonos aquí y ahora.
¨Somos polvo de estrellas” enuncia una famosa frase del astrónomo Carl Sagan manifestando esa conexión profunda entre la vida humana y la evolución del universo, de algún modo estos tres años representan en cada una de nosotras ese viaje cósmico que nos invita a mantener la curiosidad infantil para entender que la historia del universo es también nuestra historia y que con cada nuevo paso que damos, se abre un universo entero.
Somos afortunadas de haber coincidido. Somos afortunadas de haber dado con maestros y guías que oficiaron de faros sin interrumpir el proceso y con tanta amorosidad: Vanesa, Alejandro, Ana, Pato, Gladys, Cecilia… como dijimos las palabras limitan la inmensa gratitud que sentimos.
Sigamos coincidiendo con más pedacitos de cielo que nos regalen estrellas para las noches más cerradas y soles para los amaneceres que más deseamos vivir.
Somos Gaia.
Somos parte del todo.
Gracias gracias gracias.
















