Responder al llamado de la Astrología es acceder a un territorio desconocido, un mundo misterioso que nos atrae y, al mismo tiempo, nos expone a la incertidumbre.
Como toda aventura digna de tesoros, la exploración de ese universo de significados que se abre a nuestra percepción consciente en el diálogo con los símbolos astrológicos no es, necesariamente, una experiencia cómoda ni ofrece garantías ni es ajena a riesgos.
Sin embargo, en lo profundo de nuestro Ser —más allá de la razón y del miedo—, una íntima voz nos convence de su sentido cierto. El alma sabe —así parece— que, en ese viaje de maravillas y perplejidades, caerán velos y se revelarán verdades. Estas nos transforman sin chance de abstenernos —no sería recomendable pretenderlo— y nos liberan de ilusiones generadoras de sufrimiento.
Para la instrucción de artes y oficios, existen los manuales. Ante el desafío de desarrollar habilidades técnicas en una nueva actividad, todos los buscamos, todos los hemos tenido.
La confección de un manual puede tomarse como una tarea fría, informativa o estrictamente funcional. Pero también puede abordarse con otra responsabilidad: la de presentar un mundo inédito, la de guiar y conducir en paisajes deslumbrantes, la de recibir y alojar a visitantes curiosos que, acaso, descubran —sin habérselo propuesto— un nuevo hogar en lo que, hasta ahora, parecía una inhóspita geografía.
Iniciar en Astrología tiene mucho de provocar el recuerdo de una pertenencia genuina y olvidada: el retorno al auténtico origen del cual emergimos para luego extraviarnos.
El título del libro presenta la clave. Refiere a la percepción de la Astrología como Holografía. Evoca, por un lado, que cada parte es un todo; por el otro, que esa parte es componente de un todo mayor.
Totalidad y fragmento se reflejan. Nuestras vidas individuales son parte y todo: totalidades constituidas de fragmentos, fragmentos que expresan y realizan la totalidad.
La gracia vital que enciende nuestros dramas personales es la misma que anima las estrellas. La sustancia de nuestro destino no difiere de la suerte del universo.
El viaje de la conciencia es esa épica de discriminarse de la totalidad sin disociarse, de reconocerse en el cosmos sin confundirse.
La Astrología —o la Astrohología— nos confronta a esta evidencia: somos tierra y cielo, personalidad y destino, individuo y universo.
Si ha llegado a esta obra, puede considerarse afortunado: Vanesa Maiorana y Alejandro Luna son de los mejores anfitriones con los que podía encontrarse para esta visita al mundo del simbolismo astrológico.
Guías amables y conocedores del territorio. A ellos les consta cada una de las peripecias que le aguardan en la aventura que inicia.
La Astrología los ha transformado —y los transforma— y les revela otra vida dentro de sus vidas. Como, seguramente, lo hará con usted. Como lo ha hecho —y lo hace— conmigo.
