Se nos enseña a contar los segundos, los minutos, las horas, los días, los años… pero nadie nos explica el valor de un instante.
Donato Carrisi
Este mundo dura tan solo un instante.
Un curso de milagros
El estudio de la Carta Natal consiste en un análisis complejo de una cantidad de variables, algunas de las cuales están representadas en la estructura interna de la Carta, y otras tienen que ver con un proceso que a lo largo del tiempo modifica la vivencia de esa estructura.
En el primer volumen de esta serie, AstroHología, un paradigma holístico de la Astrología, profundizamos en la estructura interna de una Carta Natal en el contexto de la vida de un ser humano. Estudiamos los fundamentos de la Astrología como lenguaje simbólico multidimensional, explorando Signos, Planetas, Elementos, Casas, Aspectos, juegos de luz y sombra, núcleos energéticos y, fundamentalmente, tratando de ver cómo todo eso se va enhebrando según uno o varios hilos de sentido.
A través del análisis de la Carta, nos enfocamos en explorar una comprensión nueva acerca de los vínculos y los acontecimientos que ocurren en la vida; que deviene en una resignificación de las vivencias de los individuos y sus destinos entrelazados.
Hasta el momento, encaramos la Carta Natal desde la metáfora de la “foto del cielo”; es decir, de un momento determinado (el nacimiento). En esta imagen se encuentra codificado el posible despliegue energético del Ser, simbólicamente representado por la posición de Signos, Planetas, Casas y Aspectos. Hemos profundizado en la importancia de la exploración conjunta entre consultante y astrólogo, para descubrir los patrones de manifestación de la energía en esa vida concreta y su potencial. La forma en que se vivencia esa “foto”, que es la Carta Natal, no está predeterminada.
Sumamos ahora una nueva dimensión de estudio: el tiempo. Es a través del paso del tiempo que la esencia que se encuentra en la Carta Natal puede expresarse en el plano de las formas. Es decir, a lo largo de la vida se va desplegando el potencial energético codificado. Así como una semilla de nogal necesita nutrientes, agua y tiempo de desarrollo para desplegarse como árbol, nosotros también necesitamos tiempo para manifestarnos. Nuestros potenciales más preciados no pueden manifestarse todos juntos al nacer, sino que requieren del desarrollo de una estructura y una evolución natural.
De esto se deriva el hecho de que, aunque la Carta Natal sea un código energético, no hay una única manera de vivirla. Una semilla de árbol puede manifestarse de diferentes maneras según las condiciones en las que crece. Pero en los seres humanos, las condiciones de crecimiento son dimensiones más complejas, como la mental, emocional y espiritual.
Por todo lo anterior, la metáfora de la fotografía para representar una Carta Natal es útil, pero tiene sus limitaciones, pues en el cosmos y en nuestras vidas no hay nada fijo. La Carta Natal es un fotograma de una película con miles y miles de imágenes en constante movimiento. La Carta representa las posiciones planetarias de un momento único en la eternidad y simboliza tanto la cualidad del tiempo de ese instante como las características energéticas del Ser que encarna.
Si tomáramos una foto por mes de nuestro rostro a partir del día que nacemos, en 20 años tendríamos 240 imágenes y en 80 años tendríamos 960. Si las imaginamos una al lado de la otra en una pared, tendríamos la constancia de lo que el tiempo hizo con nosotros. Mas el tiempo no pasa por nosotros, sino que ha sido nuestro Ser quien ha pasado por el tiempo. La esencia permanece a través de los constantes cambios y está codificada en la Carta Natal, lista para desplegar su potencial en cada momento. La información sobre los momentos que habilitan el despliegue de los múltiples potenciales, es la que se puede extraer a partir de lo que en Astrología conocemos como ciclos, fases, tránsitos y progresiones.
En este libro exploramos en profundidad el proceso de interpretación de los factores astrológicos de un mapa natal como una estructura inmersa en el tiempo. Nuestro objetivo es utilizar la Carta Natal a modo de guía y orientación para comprender los procesos más profundos de nuestra vida; de esta manera podemos conectar con los aprendizajes que nos propone cada momento, resignificar los hechos a la luz de los movimientos planetarios y fluir con el cielo en la tierra.
El Ser es como una música en despliegue
Entonces les dijo Ilúvatar: –Del tema que os he comunicado, quiero ahora que hagáis, juntos y en armonía, una Gran Música. Y como os he inflamado con la Llama Imperecedera, mostraréis vuestros poderes en el adorno de este tema mismo, cada cual con sus propios pensamientos y recursos, si así le place.
Entonces las voces de los Ainur empezaron a convertir el tema de Ilúvatar en una gran música, y un sonido se elevó de innumerables melodías alternadas, entretejidas en una armonía que iba más allá del oído.
J.R.R. Tolkien · El Silmarillion
Cada uno de nosotros —como los Ainur— forma parte de un entramado vincular. Cada individuo canta con voces diferentes la Gran Música a la que fue convocado a interpretar. Los temas musicales se van ejecutando gracias al canto. La trama vincular se despliega, y a la vez, “es” la música en despliegue.
¿Cuán sintonizados vivimos con la música que vibra dentro de nosotros?
¿Cuán afinada es la respuesta a la vibración que nos constituye?
Cada uno de nosotros es pura vibración como la música. Y también es el instrumento físico donde esa música se expresa. La melodía puede sonar con instrumentos de aire, percusión o cuerda, y también eléctricos. Tener el instrumento afinado es fundamental para que podamos resonar armoniosamente dentro de nosotros mismos y luego entre todos, generando una gran música de siete mil millones de Ainur.
Si el Ser es música, la Carta Natal individual es una de los millones de partituras que componen esa música. La gran obra no estaría completa sin ella. Darnos cuenta que somos un diseño vibratorio fundamental en el gran diseño es revelador.
La Carta Natal, un ADN musical
El ADN físico es como un almacén químico que contiene un código de despliegue y sostén estructural del organismo que está inscripto en cada célula. El ADN astrológico, en cambio, es el código simbólico de despliegue de un ser que vibra en correspondencia con las estrellas. Este código marca los ritmos y compases de cada vida como si fuera una partitura, y da información acerca del potencial del Ser. El ADN no sólo está hecho de proteínas y aminoácidos, sino también de fusas y corcheas.
A veces creemos que somos entidades siempre fijas. Y nos resulta difícil creer y sentir que somos patrones que vibran, seres que fluyen y cambian cíclicamente y que toman formas diferentes a lo largo de su existencia. Si contemplamos nuestra vida hacia atrás, podemos observar picos de intensidad, llanuras calmas, un coro de voces, letras angustiosas y una riqueza casi infinita de armonías diferentes. Más que seres unívocos, con una misión a cumplir o un plan a realizar, podemos vernos como seres en proceso continuo que evolucionan y se hacen cada vez más complejos.
La matemática de la vida
En la estructura de cada Ser está implicado su propio despliegue y evolución en el tiempo. La Astrología es revolucionaria porque a través de ella podemos leer los ritmos en los que el alma se va manifestando. Así es que podemos preguntarnos: ¿Cuándo es un tiempo de transformación? ¿Cuándo es momento de expansión? ¿Cuándo es tiempo de finales y disolución de ciertas formas?
La Astrología es de las pocas disciplinas que pueden dar cuenta de los procesos que se despliegan en el tiempo. Para quienes estudiamos la correspondencia arriba-abajo en un enfoque holístico y transpersonal, el tiempo deja de ser una sumatoria de un segundo tras otro agrupados en minutos, horas y días, y formando una secuencia infinita de momentos.
Para nosotros, el tiempo es orgánico y no mecánico, por lo cual deja de ser importante predecir el día y el año que ocurrirá determinado hecho. Lo relevante es el significado psíquico que trae el evento. Esta Astrología de procesos, desde el punto de vista del tiempo, contempla tanto a Cronos (el tiempo entendido como cantidad) como a Kairós (el tiempo como cualidad).
Cronos y Kairós
Para los antiguos griegos, Cronos era el dios del tiempo; y en algún momento se lo confundió con Crono, hijo de Urano y padre de Zeus. Actualmente, desde el punto de vista de la Astrología, el simbolismo de Saturno integra a ambos dioses en una misma figura que representa el efecto del paso del tiempo sobre los organismos, incluyendo a la Tierra como ser vivo.
Kairós era el dios del clima y de las estaciones. Según la genealogía más aceptada era nieto de Crono e hijo de Zeus. Kairós es además un concepto en la filosofía griega, que quiere decir “momento adecuado u oportuno”. En el cristianismo se lo asocia con el “tiempo de Dios”.
Cuando observamos un libro de efemérides, podemos ver la posición de los Planetas cada día. Las columnas registran los Planetas y las hileras indican los días; su intersección determina la posición planetaria en un día determinado. Esto constituye una información concreta y predecible matemáticamente, gracias a la cual sabemos dónde estará Júpiter el 9 de julio de 2232, por ejemplo. Este es el tiempo de Crono, matemáticamente preciso y previsible, e indiferente a nuestra existencia, búsquedas y necesidades.
En cambio, el tiempo Kairós no aparece en ningún libro de efemérides, pues es un tiempo singular, solamente perceptible desde un contexto particular y desde una percepción abierta y contemplativa. Kairós es el tiempo del alma, que se percibe en la vivencia como el tiempo oportuno para cada cosa.
En la consulta astrológica, astrólogo y consultante navegamos juntos entre el tiempo Crono y el tiempo Kairós, teniendo en cuenta el calendario como organizador para fluir con los tiempos del alma dentro del proceso de la vida.
La dimensión del tiempo
¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé. Pero si tuviese que explicárselo a alguien no sabría cómo hacerlo.
San Agustín
La Astrología es el lenguaje de la vida. A través de ella comprendemos que todo es cíclico. Encontramos significado a las experiencias de la vida cotidiana dentro de la profundidad de la existencia, explorando las diferentes fases de todo proceso creativo. Con el estudio de la Astrología es posible encontrarse con el pulso de la naturaleza en evolución que habita dentro de los seres humanos.
El Zodiaco como matriz arquetípica, es un todo en movimiento que alberga los procesos vitales y creativos. Los astrólogos usan el Zodiaco para observar las manifestaciones de la vida dentro de esta matriz que permite comprender el sentido de las experiencias y los vínculos.
El Zodiaco también tiene múltiples movimientos. Hay uno hacia afuera y otro hacia adentro, comparable con la respiración. Aries es masculino expresivo; Tauro, femenino receptivo; y así sucesivamente. También hay un ciclo de Elementos: Fuego, Tierra, Aire, Agua y vuelve a comenzar el ciclo repitiendo la secuencia tres veces. Por otra parte, hay un pulso en los Ritmos Cardinal, Fijo y Mutable que se repite cuatro veces.
Todo comienza en Aries, que es el punto de inicio, el disparo de largada de la energía. Cáncer es la primera forma concreta después de un proceso en que va tomando sustancia la energía en movimiento. Libra es el momento bisagra donde comienza el camino de regreso y donde hay consciencia de la dualidad; el camino se transforma en una danza. Capricornio es el momento en que se alcanza el logro máximo posible de aquello que comenzó como puro deseo en el inicio. De Aries a Virgo se despliega el camino de ida del proceso; y de Libra a Piscis, se realiza el camino de retorno.
Aunque lo pensamos en dos dimensiones, el Zodiaco no es lineal sino mandálico. Visto en tres dimensiones es una espiral. Desde la linealidad, después de Piscis viene Aries, como si se tratara de un ciclo que vuelve al mismo punto. Pero no se vuelve nunca al mismo lugar, ya que el recorrido a través del Zodiaco supone un crecimiento y un despliegue. En el proceso, el individuo se transforma y nunca vuelve a ser el de antes.
Estabilidad, cambio y evolución
Todo lo que existe en el Universo cambia continuamente a lo largo de su existencia. Los cuerpos celestes y los seres vivos sufren alteraciones tanto en su forma como su composición. Nuestras células mueren y nacen continuamente, las estrellas van quemando su combustible, las galaxias se mueven y expanden. No hay nada en el Cosmos que esté igual de un instante para el otro.
Sin embargo, nuestra percepción da cuenta de cierta estabilidad en las formas que parecen perdurar sin cambios. Por ejemplo, no percibimos los cambios de las células de la piel de un día para el otro, o la aparición de las arrugas en el rostro. Las montañas parecen no cambiar jamás, y su erosión es difícil de percibir en periodos cortos. Aunque los cambios no se noten, todo cambia. Incluso la estructura genética, que constituye el molde para la creación de los individuos de una especie particular, sufre alteraciones a lo largo del tiempo.
La evolución es un proceso que incluye momentos de estabilidad y cambio, que son parte de una misma estructura. Ésta ocurre tanto a nivel micro como macro, tanto individual como colectiva, a nivel de especies e individuos. No se puede observar la evolución sin la presencia de la variable temporal.
La Carta Natal, dada su naturaleza espacio-temporal, tiene encriptada la información de su despliegue. Por ejemplo, si la persona nace el 21 de enero 1970 con el Sol en el grado 1 de Acuario, se sabe que, en febrero de 2024, Plutón en tránsito hace Conjunción partil con su Sol natal. En términos simbólicos, es un momento de experimentar una transformación profunda en su vida.
La Carta Natal es algo que no cambia, pero dentro de ella están implicadas las transformaciones.
La rendición del ego
En el volumen uno de AstroHología atendimos a la lógica de que todo lo que nos pasa y los vínculos de los que formamos parte, tienen que ver con el Ser que somos en esencia, simbolizado en la Carta Natal. En el volumen dos, observamos el proceso de despliegue donde están inmersos esos hechos que ocurren. Y si bien hay muchas posibles manifestaciones de una misma esencia, todo lo que pasa se encuentra dentro de las posibilidades de despliegue de la Carta Natal, pues tampoco es que puede pasar cualquier cosa.
El destino es la manera que tiene un ser humano de saber quien es energéticamente. A través de las experiencias se revela el Ser (el alma) que es aquella instancia que promueve el desarrollo y despliegue de su potencial. La Astrología muestra que existe un orden que está más allá de lo que pretende el delirante ego, que suele sufrir cuando lo que ocurre no está en sus planes. Para no reaccionar ante su destino, el ego tiene que sensibilizarse y rendirse ante este orden, ser dócil a los movimientos planetarios.
La misma fuerza que insta a una bellota a que se transforme en roble, o a la oruga en mariposa, está también dentro de cada ser humano. Sin embargo, a diferencia de las bellotas y las orugas, el ser humano tiende a forzar a la naturaleza para que se adapte a lo que quiere y cree, en lugar de dejar que simplemente se evidencie lo que es. Por eso es casi inexorable que sienta que la vida frustra los deseos del yo que no son esenciales para el alma. El aprendizaje que propone el alma suele frustrar lo que planifica el yo, caprichosa y tozudamente.
Norberto Levy utiliza la metáfora del árbol para referirse al ego, el alma y el espíritu. El nivel de consciencia del ego es como la consciencia de ser hoja. Ella diría: “Yo soy la hoja que soy, allá hay otras hojas, más grandes o chicas, más arriba y más abajo, más verdes, más amarillentas, somos todas diferentes”. Cuando llega el otoño la hoja se siente envejecer, se muere, se cae, vuelve al humus y se hace tierra.
La consciencia del alma sería la hoja diciendo “en realidad yo soy el árbol experimentándose como hoja, tengo consciencia de árbol, y cuando en otoño yo desaparezca como hoja, la ‘arbolidad’ continúa”. El alma es la consciencia de la hoja, ampliada a consciencia de árbol. El espíritu es la consciencia de ser árbol, una consciencia presente en las raíces, las ramas, las hojas, las flores, los frutos y sus semillas; en todas partes del árbol y en ninguna parte en especial.
En este libro utilizamos la palabra Ser con S mayúscula, refiriéndonos a la consciencia de alma o Sí-mismo, que representa algo más trascendente a la sensación egoica y fragmentada de ser individuos separados. El Sí-mismo es la consciencia de que somos algo más de lo que percibimos que somos, y es el potencial de plenitud.
El Ser vincular es la consciencia de que el Sí-mismo sólo se despierta y se desarrolla en vínculo con todo lo que lo rodea. Es inclusive más que la consciencia de ser árbol. Es la consciencia de ser árbol, sol, lluvia, viento, abejas, pájaros, otros árboles, tierra. El árbol no existiría si no estuviera también presente todo lo demás.
Cuando el ego se rinde y se convierte en un aliado del Sí-mismo, ocurre la aceptación del destino y el milagro de la transformación. No se trata de creer que el destino es más benévolo o que dejan de pasar cosas dolorosas. Lo que ocurre al alinearse el yo con el alma, es que la vida sorprende, se hace más intensa, su sentido es más profundo, y se la vive plenamente, amando el propio destino, sea cual fuere.
1 Reencarnación, por el Dr. Norberto Levy.
Si realmente los seres humanos pudieran fluir como los árboles —sintiendo naturalmente el sol, la lluvia, las primaveras, los otoños— este libro sería totalmente innecesario.
La espiral del tiempo
Los ciclos funcionan en todas partes y en todas las cosas. Es más que posible que el estudio de los ciclos revele el tan buscado principio unificador que permita al hombre entender cómo funciona realmente el Universo.
Samuel Schreiner
En los seres vivos, el paso del tiempo se manifiesta en ciclos vitales, a través de los cuales ocurren procesos de crecimiento y evolución. Un ciclo es un periodo de tiempo en el cual un cierto fenómeno pasa por una serie de fases repetitivas y periódicas.
En un ciclo hay etapas que se repiten ordenadamente y una vuelta al lugar donde se inició. Un ciclo no deja de ser una abstracción que permite comprender una parte de la realidad; en este caso, el proceso vital de algo o alguien. La definición de ciclo se aplica a numerosas situaciones simples de la vida: las horas de un día, las estaciones, los meses del año, el ciclo del agua, el camino de los Planetas por la eclíptica.
Los ciclos, en principio, vuelven al mismo lugar donde iniciaron. Pero esto es sólo cierto visto desde un plano en dos dimensiones. En realidad todo ciclo es una espiral. Si observamos la estructura del ADN podemos ver que consiste en una doble hélice interconectada que se desarrolla en forma de espiral en el espacio y el tiempo.
Este patrón de desarrollo en espiral puede verse asiduamente en las formas de la naturaleza. Caracoles, nautilus, disposiciones de las semillas en el girasol, coliflores, telas de araña, piñas, remolinos marinos, tormentas, huracanes y hasta las más lejanas galaxias del universo adquieren esta forma que se suele llamar “la curva de la vida”. Esto sugiere que existe un patrón evolutivo que consiste en un desarrollo espiralado cada vez más amplio e integrador.
Qué no es AstroHología
A diferencia de la Astrología tradicional, la AstroHología no es predictiva. La rama más antigua de la Astrología se ocupa de prever posibles hechos que puedan ocurrir. Lo hace a través del estudio de las direcciones primarias, tránsitos y progresiones, entre otras muchas técnicas. Este uso de la Astrología ha sido muy difundido en la antigüedad para tomar decisiones y se sigue utilizando hoy en día.
Es bastante común que las personas busquen saber qué les va a pasar, cuando van a encontrar el amor, cuando van a tener un hijo o conseguir un nuevo trabajo, cuándo morirán los padres o si tendrá un accidente. Parece que el conocimiento sobre lo que va a pasar, calma la ansiedad poniendo el foco en ese momento que aún no llegó pero seguramente va a llegar.
Las predicciones, sean astrológicas o de cualquier otro tipo, son una cuestión de probabilidades. Éstas dependen de ciertas variables, pero nunca dejan de ser probabilidades. Por ejemplo, en una zona con tendencia a los sismos, la probabilidad de que ocurra un episodio es mayor que en un lugar donde no suele haber sismos. Sin embargo, bien puede ocurrir en un lugar sin predisposición, y puede no ocurrir en un lugar con altas probabilidades.
Que alguien se enferme debido a un trastorno genético es una probabilidad basada en ciertas variables, pero nunca es algo que deba ocurrir indefectiblemente. Que se dé un determinado tránsito o progresión, no determina un sismo ni una enfermedad, sino más bien propone un determinado aprendizaje, que puede venir —o no— a través de un hecho como esos.
AstroHología tampoco es Astrología evolutiva. Algunos astrólogos utilizan este término para referirse a una rama de la Astrología que se ocupa de observar procesos a través de las diferentes vidas de un ser humano, intentando responder a las preguntas ¿Por qué estoy aquí? ¿Cuáles son las lecciones que debo aprender? ¿De dónde vienen las cosas? ¿Por qué uno es de determinada manera? Jeff Green es uno de los precursores en esta rama de la Astrología.
En síntesis, esta rama se ocupa de ver el desarrollo del alma a través de las muchas vidas a lo largo de la existencia. La interpretación de algunos factores de la Carta Natal, se ven a la luz de las múltiples vidas, pues el alma experimenta muchos aprendizajes antes de la vida actual.
Qué es AstroHología
Según nuestro punto de vista, la Carta Natal es un todo que contiene un centro y una periferia. El centro vacío de la Carta es aquello que simboliza lo que no tiene forma, es el misterio de la existencia. La periferia representa la manifestación de esa vida a través de los Planetas en los Signos y las Casas, que indican las dosis de determinadas cualidades energéticas de ese Ser humano.
AstroHología considera las diferentes dimensiones del Ser. Cuando hablamos de la dimensión espiritual nos referimos a los aprendizajes que se van haciendo a lo largo de la vida, que están más allá de los deseos personales y los planes del ego. El alma se va desplegando en un proceso creativo, en el cual aparecen situaciones de destino inesperadas que, gusten o no, enriquecen la vida y llevan a la persona a nuevas dimensiones del proceso de desarrollo.
AstroHología comparte con la Astrología evolutiva el interés por los aprendizajes que están más allá del ego. Se diferencia en que no considera, necesariamente, la existencia de las muchas vidas (teoría de la reencarnación). Tampoco lo niega. Simplemente no resulta relevante si el aprendizaje viene de una, diez o veinte vidas anteriores. Lo que importa es el aprendizaje que se propone aquí y ahora.
En AstroHología trabajamos con los procesos de despliegue y sanación, con las dificultades y frustraciones que experimenta la persona en esta vida, especialmente en el momento que viene a la consulta.
Los malos entendidos aparecen cuando se intenta mirar la evolución del Ser desde los ojos del ego. Por eso no utilizamos la palabra “evolutiva” para describir estos procesos, ni creemos que haya seres más evolucionados que otros. No hay seres superiores o inferiores a otros.
También evitamos utilizar la Astrología para determinar la misión del alma, como si hubiera un objetivo a alcanzar. Esto tiene un cierto aroma a la zanahoria que perseguimos para alcanzar logros materiales, reconocimientos o éxito mundano.
Lo fundamental es el aprendizaje que va haciendo el ser humano, el movimiento entre las identidades que va construyendo, la transformación vincular que se produce al intercambiar energía con otros, la disolución de ciertas formas a través del contacto con la dimensión transpersonal.
Qué incluye el volumen dos de AstroHología
En el segundo volumen de la serie AstroHología nos introducimos en el complejo y delicado estudio de los procesos vitales, del misterio de la evolución, de la sustancia del tiempo y de los requerimientos que el alma, momento a momento, nos desafía a atender a lo largo de la vida. El estudio de los ciclos también nos obliga a reflexionar acerca de los principios y los finales, de la circularidad del tiempo, del nacimiento y de la muerte.
El libro está enfocado a la profundización del estudio de la Carta Natal como mapa en cuatro dimensiones que representa la posibilidad de despliegue del Ser con su enorme complejidad.
Este volumen incluye una descripción detallada de: fases de procesos y ciclos planetarios, tránsitos de los Planetas por las Casas, tránsitos en Aspecto a los Planetas natales, edades planetarias, septenios, progresiones secundarias, ciclo Sol-Luna progresado y Revolución solar. Luego analizamos dos casos de estudio para aplicar los temas vistos. Para finalizar desarrollamos el rol del astrólogo y el trabajo en consulta astrológica.
¿Querés verla tal como aparece en el libro?
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